Asia,  Japón

Japón: ruta de 21 días

Japón está de moda. Estamos muy contentos de que estéis leyendo este post porque esto significa que, o tenéis en mente ir a Japón, o que os gustan tanto nuestros posts que los leéis aunque no tengáis pensado ir al destino que tratan. Así que, como cualquier de los dos motivos nos hace muy felices, vais a poder leer un post hecho con mucho cariño y amor, donde encontraréis, sobretodo, opiniones, recomendaciones y también información de nuestra maravillosa ruta por Japón que hicimos el verano de 2019.

Y es que Japón es uno de esos países que no deja indiferente a nadie. Es imposible que viajes a Japón y no alucines en algún momento; o en todos. Su naturaleza, sus ciudades, modernas, antiguas, místicas, su gente, la cultura nipona, su gastronomía (¡madre mía qué gastronomía!), su frikismo, sus islas (muchas veces las grandes desconocidas)… todo, absolutamente todo hace que Japón sea un país increíble y que se tenga que visitar como mínimo una vez en la vida.

Si quieres tener una idea de cómo puede ser una ruta de 21 días por Japón, aprovechando al máximo los días e incluso teniendo 5 días para descansar y descubrir las islas Yaeyama (islas bastante vírgenes muy cerquita de Taiwan), prepárate un te, si es de matcha para ambientarte mucho mejor, siéntate en el sofá o en el sillón y relájate. No queremos inundarte de datos históricos, ni listas con cosas que ver, ni con detalles que podrás encontrar en blogs especializados en Japón (sí, Japonismo es el top de los tops). Lo que queremos es ayudaros a que os hagáis una idea de cómo planificar tres semanas en Japón y daros nuestra opinión de las experiencias que tuvimos en el país. Esperamos que lo disfrutéis mucho.

Japón: la ruta

Aunque parezca lo contrario, Japón es un país muy grande. Como ya os podéis suponer, el tipo de ruta que llevéis a cabo dependerá del tiempo que tengáis y de los vuestros gustos. No será lo mismo si es la primera vez que vais a Japón o si es la cuarta, también será diferente si vais 10 días a que si vais 21, o si sois más de naturaleza o de ciudad. 

Dicho esto y teniendo en cuenta que podéis variar la ruta tal cuál os apetezca, nosotros os presentamos la nuestra, que es la ruta más o menos típica de los novatos de Japón, es decir, de los que visitan el país por primera vez y quieren ver los imprescindibles. Eso sí, con un toque muy diferente a la mayoría de rutas que vais a poder encontrar en los blogs: nosotros pasamos 5 días en las Islas Yaeyama, un archipiélago de islas muy muy al sur de Japón, donde apenas llega el turismo internacional. Os ha picado el gusanillo, ¿a qué sí? Pues sigue leyendo.

Para nuestra ruta utilizamos el transporte público, sobretodo el tren. Para ello compramos un Japan Rail Pass para 14 días, ya que los otros 5 los pasamos en la isla, moviéndonos en barco, moto o un coche alquilado. Si queréis leer 15 consejos para viajar a Japón (entre ellos el que habla del transporte y el JapanRail Pass) podéis entrar en nuestro post Japón para Dummies: nuestro 15 consejos.

Para que te hagas una idea, aquí puedes ver nuestro día a día:

Nosotros en total estuvimos 3 días en los Alpes Japoneses, 2 días en Kyoto, 1 día Nara, 1 día (2 noches) en Osaka, 1 día Hiroshima/Miyajima, 6 días en Tokyo (donde hicimos dos excursiones y un día entero en Disney Sea) y 4 días en las islas Yaeyama. Estos serían los puntos:

 

¿Qué te parece la ruta? ¿Quieres saber más? ¿Quieres saber lo que te recomendamos y lo que no te recomendamos? Venga, ¡vamos allá!

Día 1: Llegada a Tokyo y traslado a Nagoya

El primer día de un viaje así es siempre emocionante. Llegar al aeropuerto y leer los carteles en otro idioma, incluso con símbolos ilegibles, nos da un chute de emoción y ansia por empezar a conocer el país. Pero cuando se llega a Japón, en nuestro caso a Narita, no es todo tan rápido. Os contamos.

Después de un vuelo de más de 12 horas con Alitalia, en un avión muy lamentable donde se notaba la madera de los asientos y donde las pantallas recordaban a un televisor de los 90, llegamos al aeropuerto de Narita, Tokyo. El control de pasaportes excelente: rápido, ágil, sin problemas. Una vez en la terminal nos dirigimos a validar nuestro Japan Rail Pass y a recoger nuestro wifi pocket. Todo fácil, siguiendo las instrucciones. En nuestro post de Japón para dummies os explicamos cuatro cosas del JapanRail Pass y de la wifi pocket.

Una vez hechos los trámites, ahora sí, ¡empezaba nuestra aventura en Japón! Nuestro primer día solo teníamos un objetivo, llegar a Nagoya, donde pasaríamos nuestra primera noche. Pero haríamos una parada en Hamamatsu, que nos venía de paso. Y aquí viene nuestro primer consejo:

En el trayecto desde Tokyo a Nagoya (en Shinkansen, es decir, tren bala) os podéis parar en Hamamatsu. Y es que esta ciudad destaca por una cosa: sus gyozas. Y además, no hace falta que salgáis de la estación de tren. Lo dicho, después de dos trenes (Narita – Tokyo y Tokyo – Hamamatsu) bajamos a comer. Fuimos al restaurante Ishimatsu, una sucursal del restaurante con el mismo nombre que está un poquito lejos del centro de la ciudad. Y fue espectacular. ¡Qué gyozas por diós! Además es barato: una rueda de 20 gyozas hechas a la sartén al estilo tradicional, 1200 yenes, unos 10 euros. Así que primer ToDo que os podéis apuntar: «comer gyozas en Hamamtsu».

Al terminar, cogimos otro tren bala (recordad que con el JapanRail Pass tenéis barra libre de trenes de la compañía JR) y al cabo de una hora ya estábamos en Nagoya. En este trayecto, si os sentáis a la derecha, podéis ver el monte Fuji; eso sí, normalmente hay niebla o nubes y no se ve nada. Nosotros no lo vimos.

En Nagoya no hicimos mucho ya que la usamos como ciudad dormitorio. Estábamos cansados pero fuimos a dar una vuelta, primer contacto con una ciudad japonesa. Y comimos nuestro primer ramen, en una de las franquicias más conocidas de Japon: Ichiran. Y es que es muy curioso. Llegas, compras un ticket en una máquina y te sientas en una barra individual, donde mediante una persiana que el cocinero levanta, te sirven tu ramen. Si no habéis estado en Japón antes, fliparéis. 

Esa noche y la siguiente nos alojamos en el Hotel Trusty, un muy buen hotel a un muy buen precio, 63 euros la noche. Está a unos 15 minutos caminando desde la estación de tren (hay metro) y está en una zona llena de restaurantes. Lo recomendamos. 

Nos fuimos a dormir pensando en el día siguiente, en el que haríamos parte de la ruta Nakasendo, entre Nagome y Tsumago. ¿Queréis saber cosillas? ¡Seguimos!

Día 2: Ruta Nakasendo: Magome - Tsumago

La Ruta Nakasendo era una ruta que conectaba Tokyo con Kyoto pasando por el valle de Kiso. Actualmente hay varios tramos que se han habilitado para hacerlos andando y uno de los más conocidos es el que va de Magome a Tsumago. Esta ruta, de unos 8 kilómetros, es perfecta para una excursión de un día y se puede hacer perfectamente pernoctando en Nagoya. Y eso es lo que hicimos. Os contamos.

La ruta se puede hacer en las dos direcciones, aunque aconsejamos hacerla desde Magome a Tsumago ya que hay mucho menos trozo de subida y es más asequible. Para empezar desde Magome debéis ir en tren desde Nagoya y bajaros en Nakatsugawa. Allí podéis coger un autobús y en 20 minutos llegaréis al inicio de la ruta. Es fácil llegar.

 

Nosotros llegamos allí hacia las 10 y algo, no hace falta madrugar mucho para ir. De hecho a las 4 de la tarde ya nos estábamos yendo. Es una ruta que se hace en 3 horitas y es bastante sencilla. Eso sí, casi morimos de calor. Os recomendamos un gorro y agua si vais en verano.

 

La ruta empieza en Magome, un precioso pueblecito que os transportará al Japón tradicional de hace siglos; si os fijáis veréis incluso que no hay cables eléctricos. El paseo es muy agradable. Durante la ruta pasaréis por bosque, campos, veréis casas tradicionales… Nosotros entramos a una de estas casas tradicionales ya que un señor mayor nos invitó a te. Finalmente llegamos a Tsumago, otro pueblecito precioso, donde podréis comer algo y descansar. Nosotros compramos unos Oyakis, unos bollos rellenos de diferentes cosas (verduras, pollo, carne…). Muy buenos.

Desde Tsumago podéis coger otro bus que os lleva a la estación de tren de Nagiso. Ojo porque no hay muchos buses, así que aseguraros bien de los horarios para no perder el tren. También podéis bajar andando, pero son 4 kilómetros más, aproximadamente una hora.

A las 7 de la tarde ya estábamos de vuelta a Nagoya, en el hotel para descansar. Tocaba hacer las mochilas de nuevo porque al día siguiente nos íbamos a los Alpes Japoneses. ¿Seguimos?

Día 3: Shirakawa-go

El plan de este día estaba claro: levantarse tempranísimo, ir en tren hasta Takayama, coger un bus hasta Shirakawa-go y pasar el día en esta aldea típica de los alpes japoneses, más típico de Suiza que de Japón. Y así lo hicimos. Os lo contamos.

El trayecto desde Nagoya hasta Takayama es largo, unas tres horas. Aseguraros que vais con la línea de JR y que reserváis asiento. Podéis reservar de manera gratuita desde la estación de Nagoya. Podéis ir el día anterior, cuando volváis de Tsumago y reserváis asiento para el día siguiente. En la estación os dirán los horarios. Si podéis sentaros a la izquierda del tren ya que las vistas son espectaculares. Es unos de los trayectos de tren más bonitos que habréis hecho nunca.

Al llegar a Takayama tuvimos tiempo de ir a nuestro ryokan para dejar las mochilas. Luego os contamos qué tal el alojamiento. Al cabo de una hora aproximadamente, hacia las 11 de la mañana cogimos el bus que una hora más tarde nos dejaría en Shirakawa-go. Es importante tener en cuenta que este bus es mejor reservarlo con antelación ya que si no correréis el riesgo de quedaros sin plaza. Lo podéis reservar con la compañía Nohi.

Shirakawa-go es una aldea histórica que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO el año 1995. Es un precioso pueblo lleno de casas tradicionales de estilo gassho-zukuri. Es una excursión perfecta desde Takayama, ya que se puede recorrer perfectamente en 3-4 horas, pero si tenéis la oportunidad de quedaros a dormir, para contemplar la aldea cuando los turistas se han ido, debe ser una experiencia preciosa.

Nuestra opinión: merece la pena dedicarle un día pero con algunos peros. Primero de todo tenéis que tener en cuenta que es muy turístico. Muy bonito, sí, pero turístico. No os encontraréis una aldea perdida en las montañas. Dependiendo de la época y del día de la semana, os encontraréis autocares aparcados. Intentad evitar los domingos. Además, ojo con el calor si vais en veranos. Una buena manera de calmar ese calor es tirar la camiseta a los canales que hay para regar. Así nos asegurábamos media horilla de fresquito.

En el pueblo os aconsejamos subir al mirador Shiroyama, para tener unas bonitas vistas de la aldea, visitar alguna de las casas tradicionales (hay varias abiertas al público con entradas muy asequibles) y, en definitiva pasear por el pueblo. Estamos seguros que os encantará.

Hacia las 5 de la tarde cogimos el bus de vuelta y poquito después de las 6 ya estábamos en nuestro ryokan. Un ryokan es un alojamiento de tipo tradicional japonés, con suelos de tatami, futon para dormir, onsen, etc. Podemos encontrar todo tipo de precios aunque generalmente los ryokans son caros. Nosotros nos alojamos en uno en el centro de Takayama, por 75 euros la noche. No entraba desayuno ni cena, pero nos gustó mucho. Pudimos dormir en futon, con kimono y bañarnos en su onsen. El nombre del ryokan, Hodakaso Yamano Lori. Nosotros lo recomendamos. Si queréis dormir en un ryokan pero no gastaros 200 euros, este es tu alojamiento en Takayama. 

Ah, nos olvidábamos. Una recomendación para comer ramen en Takayama: Tsutzumi Soba. Es un local minúsculo, en un callejón perpendicular a la calle principal. Nosotros comimos en la barra y podemos decir que estaba buenísimo.

Día 4: Takayama

La ciudad de Takayama es un destino muy popular entre los turistas japoneses y extranjeros ya que su situación, en plenos Alpes Japoneses, y su belleza, la hacen un imprescindible si se está viajando por esa zona. Además, es una ciudad pequeña por lo que nos bastará con un día para ver lo más importante. Evidentemente dependerá de vuestros intereses ya que en Takayama hay muchos museos y otro tipos de visitas por los que necesitaréis más tiempo. Nuestro tren de regreso a Nagoya salía a las 5 de la tarde, por lo que le dedicamos toda la mañana y tenemos la sensación de que pudimos verlo todo y con calma. Os contamos.

Muy cerquita de nuestro ryokan nos encontramos con el Templo Hida Kokubun-hi, un templo con una pagoda de tres pisos construido en el siglo VIII. Es gratis e interesante darse una vuelta. Nosotros fuimos muy tempranito y no había nadie.

Al salir del templo desayunamos en una cafetería muy chula de la calle principal y luego andamos 10 minutos hasta el río. En los pueblos y ciudades japonesas, el río es como un lugar de ocio para los habitantes. Dan de comer a los peces, ponen los pies en el agua… Y no queríamos ser menos. La verdad es que el agua fresca del río se agradecía en un día tan caluroso.

Entre los puentes Kaiji y Yayoi se celebra cada día el mercado matinal Miyagawa Asaichi. Nos pasamos bastante rato paseando por allí, probando comida, viendo paradas de artesanía típica de la zona… Es un plan muy recomendable.

Muy cerca del río nos encontramos con el Templo Takayama Betsuin, la sede de la secta budista Jodo Shinshuu Otani en Takayama. Muy interesante también darse una vuelta e incluso entrar. Es gratis.

Para terminar, la joya de la corona de Takayama: su casco viejo. Seguro que si buscáis fotos de Takayama os aparecen fotos de las calles del casco viejo, llamado Sanmachi Suji. Las calles más conocidas son Ichinomachi, Ninomachi y Sannomachi. Tenemos que decir que a pesar de la gente que había, nos encantó. 

Y para los amantes de la carne, el restaurante Maruaki. Realmente hay muchos restaurantes que ofrecen carne de Hida, una de las más buenas del mundo. Nosotros fuimos al Maruaki, por recomendación de Japonismo. En su blog tenéis más información, pero desde nuestra modesta opinión, os lo recomendamos. Es un poco caro, pero vale la pena probar esa carne como mínimo una vez en la vida. Nosotros, que íbamos con un presupuesto un poco ajustado, nos pedimos 8 trozitos de carne (que te la haces tu mismo en unas mini barbacoas) y unos noodles para compartir y pagamos unos 45 euros los dos. Si os queréis llenar de carne, calculad 60-70 euros por persona, pero por 40-45 euros podéis comer los dos. Eso sí, al salir del restaurante podéis ir a alguna cafetería a tomaros un buen postre y acabar de saciar el estómago.

La tarde no tuvo ninguna emoción. Volvimos al ryokan a coger las mochilas y nos dirigimos a la estación de tren para volver a Nagoya, donde haríamos noche para el día siguiente, muy temprano, irnos a Kyoto.

Por cierto, y esto seguro que os interesa: dormimos en un hotel cápsula. ¡Y os lo recomendamos un montón! Olvidad los prejuicios, buscad en Booking un buen hotel cápsula y probadlo. La mayoría son nuevos, modernos, muy limpios… muy diferente a como os lo imagináis. Nosotros nos alojamos en el First Cabin TKP Nagoya, muy cerca de la estación de tren. Cuatro cosas sobre el hotel: las habitaciones están separadas por sexos, las cabinas son amplias, nuevas, con todas las comodidades posibles, había un onsen para cada sexo. En definitiva, muy recomendable.

Día 5: Kyoto: Templos y Fushimi Inari

Lo primero que hicimos el quinto día fue coger un tren que nos llevó de Nagoya a Kyoto en poco más de 35 minutos. Al tener el Japan Rail Pass pudimos ir en Shinkansen, tren bala. Llegamos hacia las 8 de la mañana, por lo que dejamos las mochilas en una taquilla en la estación ya que no teníamos intención de ir al hotel hasta la noche. El plan para el primer día en Kyoto era aprovechar la mañana visitando algunos templos e ir por la tarde al famoso Fushimi Inari. ¡Os contamos!

Kinkaku-ji, el Pabellón de Oro

El medio de transporte más común para moverse por Kyoto es el autobús. Si bien hay metro, este no abarca toda la ciudad. Y para llegar a la mayoría de templos necesitarás coger un autobús. Además, puedes adquirir un day pass para usar las veces que quieras el bus durante un día. Nosotros lo adquirimos ese día, ya que el siguiente nos moveríamos en tranvía y andando.

Dicho esto, desde la estación de tren hay varios buses que te llevan al Pabellón Dorado, uno de ellos el 205 y tarda unos 40 minutos. El pabellón abre a las 9 de la mañana y cuesta 400 yenes. Nosotros llegamos unos 20 minutos antes de que abrieran y ya había gente, pero al acercarse la hora de apertura se fue acumulando gente y más gente. Al entrar, andando rápido contagiados por los otros visitantes, llegamos al famoso mirador del templo. El templo Kinkaku-ji fue construido en 1397 y tiene la particularidad que tiene sus dos plantas superiores recubiertas de pan de oro. A ese mirador se le suma un bonito pero corto recorrido entre jardines hasta que se llega a la salida.

Como opinión diremos que es un templo que se debe visitar, ya que es uno de los más conocidos de Kyoto, pero a nosotros nos decepcionó un poco. Demasiada gente acumulada para hacer la misma foto, un trayecto muy corto por los jardines… eso sí, el templo es precioso.

Ryoan-ji

A pesar de que este templo también es conocido, había mucha menos gente. Situado a tan solo 10 minutos del Pabellón Dorado, en el Ryoan-ji se mezclan unos enormes jardines con un templo zen precioso, cuyo jardín seco es lo más conocido. Este jardín tiene 15 rocas situadas sobre círculos de musgo rodeadas de arena rastrillada. Se dice además que es imposible ver las 15 piedras a la vez de una sola mirada. A nosotros nos encantó sentarnos en el jardín seco y simplemente observar y quedarnos en silencio.

Ryoan-ji abre a las 8 de la mañana y su precio son 600 yenes. Lo recomendamos mucho por lo que si vais al templo dorado no os perdáis Ryoan-ji, que está bien cerquita.

Ginkaku-ji, el Pabellón de Plata

Para llegar a Ginkaku-ji deberéis coger de nuevo un autobús. Después de unos 40 minutos llegaréis a uno de los templos más bonitos de Kyoto. Tenemos que decir que ese día fue el día que más calor hemos pasado en nuestra vida, lo que hizo que no lo disfrutáramos tanto. Abre a las 8 de la mañana y cuesta 500 yenes.

Nosotros ya íbamos avisados, pero los que no lo van, se miran el templo y piensan ¿Y dónde está la plata? Pues no hay plata. El templo de plata sin plata. Y esto es así porque en un principio se quería imitar al Templo Dorado, pero se quedaron a medias. 

A pesar de que el templo es muy bonito, lo realmente fascinante son los jardines. De verdad, los jardines más bonitos que hemos visto en nuestro viaje a Japón. Así que también lo recomendamos.

Camino de la Filosofía

Al salir de Ginkaku-ji os encontraréis el inicio del camino de la Filosofía, una preciosa ruta de unos dos kilómetros paralelamente a un canal. Si vais en primavera os encontraréis todos los cerezos en flor, pero si no, seguro que el paseo os fascinará igualmente. Nosotros nos encontramos un señor que creaba pequeños cisnes de papel y pedía a la gente que los tirara al agua. Si caía boca arriba era símbolo de buena suerte. Como curiosidad, no pedía nada a cambio. Lo hacía porque sí. Un señor adorable.

Fushimi Inari

Y aquí una de las visitas imprescindibles en todos los viajes a Japón: Fushimi Inari. Después de comer en el centro de Kyoto (queríamos comer en un restaurante de gyozas pero al llegar ya habían cerrado), cogimos un tren para ir a Fushimi Inari. Con el JapanRail Pass lo tendréis gratis y son tan solo un par de paradas. En 10 minutos llegas a uno de los lugares más mágicos y místicos de Japón.

Nosotros llegamos hacia las 5.30 de la tarde y hacía las 7.30 anochecía, por lo que estuvimos unas dos horas largas. Evidentemente se puede ir todo el día, pero pensamos que con 2 o 3 horas puedes verlo bien. Decir que no hay hora de apertura, ya que siempre está abierto, y es gratis.

Para los que aún no sabéis de que hablamos, el Fushimi Inari es un santuario sintoísta lleno de templos y con más de 4 kilómetros de caminos y miles de toris que tiñen estos caminos del rojo y naranja de estas puertas japonesas tan características.

Nosotros no subimos a la cima ya que se estaba haciendo de noche y recomiendan no andar por allí cuando ha anochecido. Además, el calor y la humedad apretaban mucho por lo que decidimos bajar antes de hacer la cima. De todos modos, os podemos asegurar que vimos miles de toris e hicimos un montón de fotos. Es un sitio maravilloso con mucha mística, es muy especial. Estamos seguros que os va a gustar.

Finalmente, el tren nos dejó de nuevo en la estación central de Kyoto. Cogimos nuestras mochilas que habíamos dejado por la mañana y nos fuimos al hotel en bus. Nuestro hotel en Kyoto fue el Kyoto Hotel Unizo, un hotel muy nuevo, con un precio más que aceptable (80 euros la noche) y bastante céntrico, a unos 15 minutos andando del famoso barrio de Gion. Lo recomendamos. Nos fuimos a dormir temprano porque el día siguiente madrugábamos mucho mucho para ir al paseo de bambú de Arashiyama. ¿Queréis saber más cosillas? ¡Seguimos!

Día 6: Kyoto: Arashiyama y Gion

Arashiyama

Si queréis pasearos por el bosque de bambú de Arashiyama sin gente, o como mínimo sin mucha gente, ya os imagináis lo que debéis hacer: madrugar mucho. O eso o ir un día que diluvie. Pero como cuando llueve no apetece salir a la calle, mejor madrugar. Y eso es lo que hicimos. A las 7 de la mañana ya estábamos en la calle para llegar hacia las 8 y poder pasear tranquilamente antes de que viniera la marabunta de turistas.

Nosotros llegamos en tranvía, la línea llamada Randen, desde el principio al final, pero también se puede llegar en bus o tren. ¡Pero el tranvía mola! Además ves Kyoto desde otra perspectiva. Así que si podéis id en tranvía. Y en la parada de Arashiyama, donde bajéis, os encontraréis el Kimono Forest, una exposición con centenares de pilares de telas de los típicos kimonos de Kyoto.

A menos de 10 minutos andando nos encontramos con el famoso bosque de bambú. Es gratis y más pequeño de lo que parece. Es precioso, eso si. Es maravilloso poder pasear sin gente y escuchar el movimiento de los bambús, que forman un sonido que recuerda a la lluvia. Dicho esto, si lo que queréis es la foto, id temprano. Nosotros lo hicimos y pudimos pasear sin apenas gente durante un buen rato. A la que empezó a venir gente, nosotros nos fuimos hacia el Monkey Park Iwatayama.

Después de pasear por el río y pasar el puente Togetsu-Kyo, llegamos al Monkey Park. No os penséis que es un zoo, no tiene nada que ver. El parque Iwatayama es un monte desde donde se tienen unas vistas espectaculares de la ciudad y que, además, está lleno de macacos. Les puedes dar de comer pero aquí los que están en jaulas son los humanos, como debe ser, mientras que los monos están totalmente libres. La verdad es que es muy chulo, pero la subida es un poco durilla, sobretodo si hace calor. Nosotros la sufrimos bastante, aunque la recompensa vale la pena.

Al bajar nos moríamos de hambre y fuimos a comer al restaurante Arashiyama Yoshimura, súper recomendado. Podréis comer una degustación de soba de calidad. Al terminar, cogimos de nuevo el tranvía para pasar la tarde en los barrios más conocidos de Kyoto: Gion,  Nineizaka y Sanneizaka.

Gion, Nineizaka y Sanneizaka

Antes de nada queremos dejar una cosa clara. Le dedicamos la tarde a esta zona de Kyoto pero nos quedamos con muchas ganas de más. Es una zona para dedicarle mínimo un día entero. Así que de los errores se aprende y nuestra recomendación es que, si podéis, lo disfrutéis durante todo un día. Esta zona de Kyoto es preciosa, una autentica maravilla y no os podemos recomendar otra cosa que pasear. Cerrad Google Maps y perderos por sus calles, no os arrepentiréis.

Nosotros empezamos por Nineizaka y Sanneizaka, dos callejuellas de adoquines que os transportarán al Kyoto tradicional. Llenas de tiendas tradicionales, casas de madera y templos escondidos, estas dos calles son un imprescindible para todos los que viajan a Kyoto. Como curiosidad, podéis encontrar un Starbucks de lo más curioso, como podéis ver en la foto.

También es en esta zona donde encontraréis el famoso templo Hokan-ji, y su pagoda Yasaka. La reconoceréis muy fácilmente ya que seguramente la habéis visto en centenares de fotos. Y si no sabéis de qué estamos hablando, aquí la tenéis:

Después de estar un par de horas por estas callejuelas nos dirigimos a Gion, aunque lamentablemente ya estaba anocheciendo. Hasta Gion hay un agradable paseo de unos 20 minutos. Nosotros aprovechamos para entrar al Yasaka Shrine, el precioso santuario de Gion. Recomendamos dedicarle más tiempo de lo que hicimos nosotros ya que como os hemos contado se nos echó el tiempo encima. 

Al salir de este templo nos encontramos en la puerta de Gion. Lo suyo es dedicarle también un par de horas como mínimo, perderse por sus calles, entrar a sus templos… pero nosotros no pudimos hacerlo. Era ya de noche por lo que dimos un paseo por sus calles. Además, tuvimos la suerte de ver una geisha real. No es algo muy común, pero a veces la suerte nos sonríe. Pero no os vamos a engañar, más allá de deciros que el barrio tiene muy muy buena pinta y que lo poco que vimos nos encantó no os podemos decir mucho más. Eso sí, os recomendamos este artículo de Japonismo si queréis más detalles de Gion.

¡Ah, y otra super recomendación! Restaurante Gion Tanto. Muy pequeñito, medio escondido, con poquitas mesas, pero buenísimo! 

Día 7: Osaka

El tifón Lekima nos hizo cambiar los planes, por lo que perdimos casi un día cerrados en el hostal en Osaka. De todos modos, os vamos a contar los planes que teníamos planeados, que al fin y al cabo, los pudimos hacer igualmente, pero más rápido. Así que vamos a decir que el día 7 lo pasamos íntegro visitando Osaka. Y es que esta ciudad está a tan solo 20 minutos en tren bala desde Kyoto, por lo que si os alojáis en Kyoto es una excursión perfecta de un día. 

A nosotros nos encantó Osaka. De verdad. Hay gente que no le acaba de gustar, pero tiene un rollo muy diferente a las otras ciudades de Japón. Dicen que es la mini Tokyo, y es que es una ciudad llena de neones, de juego, de frikis, de manga. Es una ciudad para flipar.

La estación de Shinkansen está un poco alejada del centro turístico pero es interesante dejar las mochilas en una taquilla y pasear por las cercanías de la estación. Acercaros al Gate Tower Building, un edificio por el cuál pasa una autopista. ¡Es muy curioso! Aunque la estrella de esta zona es el Umeda Sky Building. Nosotros no pudimos entrar porque aún no habían abierto pero el mirador es espectacular. Ahora bien, consejillo de Nosflipaviajar: la estación de tren tiene un mirador gratis en la última planta. Es un mirador perfecto para observar el Umeda Sky Building. Finalmente, hay un callejón subterráneo, debajo del Umeda Sky, el Takimi Koji, lleno de pequeños restaurantes, que está inspirado en el Japón tradicional. Muy curioso de visitar.

De la parada de shinkansen al centro turístico de Osaka, que podríamos decir que es Namba, hay que coger metro. Una vez dejamos las mochilas en el hostal  Fuku Hostel Namba, que por cierto, lo recomendamos mucho ya que es un hostal nuevo, limpio y super céntrico, nos fuimos a explorar.  

Muy cerca del hostal nos encontramos el Kuromon Market, una calle gastronómica repleta de paradas con comida de todo tipo. Allí podrás probar de todo, incluso los famosos pulpitos rellenos de huevo de codorniz. Es muy chulo andar por ese mercado, tiene mucha vida.

Otra zona muy próxima es el famoso barrio de Dotombori. Es aquí donde encontraréis la famosa calle llena de neones y de fachadas de restaurantes decoradísimas para llamar la atención de los visitantes.

Dotombori también destaca por su canal principal y su noria de casi 80 metros de alto. Está abierta las 24 horas del día y su precio son 600 yenes. Y muy cerquita de la noria nos encontramos el famoso cartel de Glico Man. Es visita obligatoria, para la foto, pero sin más.

Podéis pasaros horas paseando por Dotombori, no os aburriréis nunca. Pero a nosotros nos pilló el tifón y tuvimos que volver al hostal hasta el día siguiente. Por la mañana fuimos a Nara, que explicaremos en el día 8, pero al mediodía ya estamos de nuevo en Osaka, por lo que seguiremos a partir de aquí. Desde Nara fuimos directamente a la zona del castillo de Osaka. El calor era absolutamente asfixiante, no os lo podéis imaginar. Pero aún así rodeamos el castillo. Es espectacular, una maravilla. Nosotros no entramos al castillo pero paseamos por los jardines y nos encantó. Pero si vais en verano id al atardecer. Nosotros fuimos al mediodía y no pudimos aguantar más de una hora.

Otra zona que se debe visitar en Osaka, si es al atardecer mucho mejor, es el barrio de Shinsekai y su famosa torre Tsutenkaku. Se puede ir andando desde Dotombori, en unos 30 minutos. Es un paseo agradable donde pasaremos por Ota Road y el barrio Den Den Town, zonas de otakus y electrónica. Muy curioso todo.

¿Se nota que nos encantó Osaka? Además fue en esta ciudad donde nos desvirgamos, karaokilmente hablando. Y es que ir a un karaoke es otra cosa que debéis hacer sí o sí. Ya veréis que no tienen nada que ver con los karaokes de España. En Japón son salas individuales donde tú puedes ponerte las canciones que quieres y pagas por tiempo. Realmente no entendemos porque no hay karaokes de este tipo en nuestro país.

Y finalmente, como no, algunas recomendaciones gastronómicas en Osaka. Si os gusta comer, Osaka es vuestro sitio. Entre mil cosas que podréis probar en las calles, os recomendamos los takoyakis, pequeñas bolas rellenas de pulpos, y los okonomiyakis, una especie de pizza hecha con repollo y muchos otros ingredientes. Uno de los lugares de Osaka con mejores okonomiyakis es el Ajinoya. Es un local tradicional, con las paredes un poco sucias la verdad, pero con unos onomiyakis espectaculares. Siempre hay cola, por lo que contad con 30-40 minutos esperando.

Y con esto, ¡Osaka! ¿Qué, ganas de ir o no? Ya os decimos que a nosotros nos encantó. ¿Seguimos? Vamos a por los bambis de Nara.

Día 8: Nara

Nos levantamos muy muy temprano. Nuestra idea era pasar la mañana en Nara y volver a Osaka al mediodía, ya que el tifón nos había hecho cambiar los planes. Evidentemente es mucho mejor dedicarle un día entero a Nara, pero si vais muy temprano, no os encontraréis muchos turistas (que acostumbran a llegar hacia las 10) y podréis aprovechar mejor el día.

Lo dicho, a las 8 de la mañana ya estábamos en Nara ya que desde Osaka hay unos 45 minutos en tren. Y al llegar al parque ya nos encontramos a los famosos ciervos, que están por todos los sitios. Veréis que con los primeros ciervos siempre hay gente, pero a medida que andas hacia el parque, hay montones de ciervos libres y solitarios. 

Sabemos que hay gente que está en contra de darles de comer porque se usan como atractivo turístico. Nosotros preferimos no opinar sobre el tema porque aunque nos encantan los animales y nos consideramos defensores de los derechos de los animales, tuvimos la sensación que esos ciervos estaban totalmente libres, y ese era su hábitat natural. El parque de Nara es enorme por lo que seguramente esos bichos sean felices. Dicho esto, evidentemente es un reclamo turístico. Si estáis en contra, podéis seguir andando sin darles de comer, pero si os hace gracia, pensad que es posible que os muerdan el bolso buscando comida. Les podéis dar galletitas que venden por las calles, ¡les encantan!

Pero a parte de los ciervos, el parque de Nara tiene muchísimos atractivos, uno de los más espectaculares es el Templo Todaiji. En él podremos visitar el salón Daibutsuden, el edificio de madera más grande del mundo. Y dentro del salón, el Gran Buda de Nara, uno de los budas sentados más grandes de Japón. Además os encontraréis también un pilar de madera con un agujero del tamaño del agujero de la nariz del buda; se dice que si puedes pasar por él, conseguirás la iluminación en una próxima vida. Nosotros ni lo probamos, no cabíamos.

No os vamos a engañar, nosotros no visitamos nada más, ya que teníamos que volver a Osaka para ir a su castillo y a varios sitios más que el tifón nos había privado de ver el día anterior. Y nos quedamos con ganas, ya que hay muchas cosas más. Eso sí, volviendo hacia la estación pasamos por otro de los edificios más conocidos de Nara: el templo Horyuji y su pagoda de 5 pisos.

Así que si podéis y un tifón no os arruina el día, dedicarle a Nara como mínimo un día, ya que es un lugar precioso, lleno de naturaleza y templos.

Día 9: Hiroshima y Miyajima

Hiroshima y Miyajima son dos destinos turísticos muy conocidos en Japón pero por motivos muy diferentes: el primero es archiconocido por ser la ciudad más afectada por el lanzamiento de la bomba atómica de 1945 y el segundo es muy conocido por el gran y famoso tori que flota sobre el mar cuando la marea está alta. Os vamos a explicar cuatro cosillas de estos dos lugares porque, sobretodo el segundo, tiene mucho más que ofrecer de lo que nos pensamos. Entonces, lo que hicimos, fue despertarnos muy temprano en Osaka y coger un tren bala que nos llevaría en poco más de dos horas a Hiroshima. Una vez allí dejamos las mochilas en nuestro hostal y nos fuimos hacia el parque de la Paz.

Hiroshima

Como ya os hemos comentado anteriormente, no os vamos a engañar: la visita de Hiroshima también fue bastante exprés. Solo nos quedamos una noche y también queríamos ir a Miyajima, por lo que solamente le podíamos dedicar 2-3 horas a Hiroshima. Evidentemente, con más calma se pueden visitar muchas más cosas pero por lo que leímos, Hiroshima tampoco es que sea la París japonesa, por lo que nos centramos en lo que realmente nos interesaba: el Parque de la Paz. Este parque es justo donde cayó la bomba en 1945 y es el punto más emblemático de la ciudad.

El parque es el espacio que la ciudad ha usado para recordar a las víctimas y es el lugar perfecto para aprender sobre los lamentables hechos que sucedieron en agosto de 1945. Solo al llegar ya nos encontramos la Cúpula de la Bomba Atómica (antiguamente el Salón para la Promoción Industrial), uno de los pocos edificios que quedó en pie. Lo habíamos visto muchas veces en fotografías, pero os podemos asegurar que verlo en directo impacta mucho más.

A lo largo del parque os encontraréis muchos memoriales, entre ellos el Monumento a la Paz de los Niños, la Torre del reloj de la Paz, la Campana de la Paz, la fuente de la Paz… como podéis ver, todos los monumentos están dedicados a la paz. Es un paseo muy agradable pero a la vez impactante. Pero lo que más nos impactó, evidentemente, fue el Museo de la Paz de Hiroshima, dedicado íntegro a los hechos de antes, durante y después de la bomba. Es un museo muy duro, avisamos. En él podrás aprender sobre lo que ocurrió y ver imágenes explícitas. Lo que nos impactó más fue ver objetos reales, como ropa de gente que murió o, incluso, la lengua de un fallecido. 

Es muy barato entrar, 200 yenes, y el horario depende de la época del año.

Al salir del museo, cogimos un bus hasta una parada de tren de JR que nos llevó a la estación de Miyajimaguchi. Desde allí cogeríamos el ferry a la isla de Miyajima.

Miyajima

Para llegar a Miyajima desde Hiroshima lo más normal es coger un tren (que entra en el JR Pass) y bajarse en Miyajimaguchi. Desde allí lo único que deberéis hacer es seguir a toda la gente para coger un ferry, que también os entrará en el JR Pass. Así que bien fácil. 15 minutos de ferry y ya estaréis en Miyajima.

Nuestra primera idea, cuando planeamos el viaje, era dormir en la isla. Se ve que es una maravilla pasear por Miyajima cuando todos los turistas se han marchado. Teníamos incluso el hotel, pero entonces nos enteramos que el Tori flotante estaba en obras por los Juegos Olímpicos de Tokyo. Finalmente decidimos anular la reserva y dormir en Hiroshima, para el día siguiente poder irnos más tempranos hacia Tokyo. Dicho esto, es un plan muy chulo si os podéis quedar a dormir en la isla.

Lo primero que hicimos al llegar a la isla fue comernos un helado, el calor apretaba muchísimo. Hay muchas cosas que hacer en la isla, pero dependeréis bastante de la marea que haya en ese momento. De allí nuestra recomendación que paséis un día entero, así podréis ver la marea alta y baja. Nosotros fuimos por la tarde y había marea baja hasta que empezó a subir ya hacia las 7 de la tarde, por lo que no pudimos ver el santuario de Itsukushima con agua, que es realmente impresionante.

Lo que sí que hicimos fue subir al monte Misen, nosotros con funicular. Se puede subir andando pero son varias horas y, entre que hacia mucho calor y que no teníamos mucho tiempo, preferimos usar el funicular. Además, las vistas son increíbles. Decir que desde donde te deja el funicular puedes seguir subiendo, ahora ya andando. Nosotros no lo hicimos por motivos obvios.

Al bajar el monte, ya hacia las 5.30 de la tarde, paseamos por el callejón Yamabe, un callejón no muy conocido, muy tranquilo y con unas vistas preciosas. Además, es perfecto para ver la pagoda de cinco pisos e, incluso, nos encontramos ciervos en el camino. Es un paseo muy agradable que os acabará llevando a la concurrida calle Omotesando.

Después de tomar algo en el Starbucks y ver esta puesta de sol espectacular, fuimos al plato estrella de la isla: el tori flotante. Seguro que lo habéis visto millones de veces en fotos, pero seguro que no lo habéis visto como nosotros: en obras. Ya sabíamos a lo que veníamos por lo que lo observamos todo lo que pudimos, bajamos a la arena, llegamos los pies del tori e incluso pudimos observar como la marea iba creciendo. ¡Ya tenemos una excusa para volver!

Ya de noche cogimos el ferry de vuelta para coger el tren hacia Hiroshima. Nos alojamos en el Kawateya Hostel, a unos 15 minutos andando del Parque de la Paz y bastante bien comunicado. La verdad es que nos encantó, muy nuevo, muy limpio y muy tranquilo. El día siguiente fue el día que más madrugamos, ya que a las 6 de la mañana cogíamos un tren bala para llegar, 5 horas después, a Tokyo. ¿Nos sigues? 

Día 10: Tokyo - Akihabara

El día anterior habíamos reservado asiento para el tren que salía de Hiroshima a las 6 de la mañana, súper temprano. Después de un largo y cómodo viaje de casi 5 horas, llegamos a la ciudad más grande y más habitada del mundo, con casi 40 millones de habitantes. Impacta mucho. Llegar y ver tantísima gente, impacta. Pero son como hormigas: todos ordenados, silenciosos, respetuosos, amables. De verdad, es increíble.

A lo que íbamos. Nos montamos en un tren de la línea verde de JR, la línea Yamanote (apuntaros en negrita este nombre porque si tenéis el JapanRail Pass será la línea que usaréis más en Tokyo) y bajamos en la estación con más afluencia diaria del mundo (más de 3.5 millones de personas ¡diarias!): Shinjuku. Durante nuestra primera y principal estancia en Tokyo nos alojamos en este barrio, en el APA Hotel Shinjuku Kabukicho Tower, super bien situado y más que correcto. Un poco caro, unos 100 euros la noche, pero esto es Tokyo. Además teníamos una habitación en la planta 16 con unas vistas increíbles. Lo recomendamos. Dicho esto, dejamos las mochilas enormes y nos fuimos de nuevo al tren; pasaríamos la tarde en Akihabara.

Akihabara

Akihabara es uno de los barios más conocidos de Tokyo y que por nada del mundo os podéis perder. Este barrio es uno de los centros de la electrónica de todo Japón y una de las mecas de la cultura otaku. Si queréis flipar, este es vuestro barrio. Bueno, modificamos, este es uno de los «vuestros» barrios.

En Akihabara no te aburrirás nunca. Lo que nosotros te recomendamos, que es lo que hicimos nosotros, es pasear y entrar a todas las tiendas de las que os entre curiosidad. Encontraréis de todo, pero una de las cosas más alucinantes es entrar en cualquier salón recreativo y observar a los japoneses como juegan. Para ellos es un modo de vida; se lo toman muy muy enserio. De verdad, se debe ver para imaginarse lo que es. Encontraréis muchos salones recreativos, con muchas plantas, cada una dedicada a un tipo de juego: shooter, arcade, baile, etc.

Otra cosa para la que debéis ir preparados es el hecho de que os encontraréis muchas chicas por la calle, vestidas de sirvientas, vamos a llamarlo «sexies», que muy a menudo aparentan ser menores de edad y que os invitarán a entrar en locales. No son prostitutas. La mayoría os invitarán a entrar a un Maid Cafe, una cafetería donde las camareras serán sirvientas sumisas con voz de niña. Muy bizarro todo, pero a la vez curioso de ver. Nosotros no entramos a ningún MaidCafé, lo veíamos demasiado.

Lo que si que hicimos (Christian) fue Karting por la ciudad. Fue una experiencia totalmente increíble y recomendable. Sí, habéis leído bien. En Japón es legal ir en kart por el centro de la ciudad. Y si, te pasan los autobuses por el lado y ves una rueda de un metro al lado de tu cabeza. Pero son tan ordenados que la sensación de peligro es cero. 

Nosotros lo contratamos con Voyagin y nos costó mucho menos de lo que pensábamos: unos 50 euros. El tour, con guía, duró 1 hora y media y no solo fue por Akihabara. A parte de ser un modo totalmente distinto de visitar la ciudad, es que fue super divertido. ¡Muy muy recomendable! Como curiosidad, mientras vas con el kart, mucha gente te hace fotos cuál estrella de Hollywood. Muy friki todo. Ah, y no te olvides el carné de conducir internacional.

Al terminar, cogimos el tren de nuevo y nos fuimos al hotel. Había sido un día agotador y el día siguiente nos tocaba madrugar para ir a Kamakura. ¿Seguimos?

Día 11: Kamakura y Tokyo - Shinjuku

Nuestro plan para el día 11 era pasar la mañana en Kamakura, un pueblo costero a poco más de una hora en tren desde Tokyo, y aprovechar la tarde para recorrernos otro de los barrios más conocidos de la capital japonesa: Shinjuku. ¡Vamos allá!

Kamakura

La excursión a Kamakura es perfecta si lo que quieres es alejarte un poquito de Tokyo. Depende del tiempo que tengas y tus prioridades, puedes ir a pasar el día entero o incluso dos días, pero nosotros, para aprovechar más, preferimos madrugar mucho, llegar muy temprano y al mediodía volver a Tokyo para seguir visitando. Pero que lo sepáis, en Kamakura hay suficientes cosas que hacer como para estarse todo el día.

Nosotros llegamos hacia las 9 de la mañana y nuestra intención era llegar al templo Kotoku-in dando un paseo por el Paso Kehaisaka Kiridoshi, pero nos lo encontramos cerrado por obras. Así que dimos la vuelta, y después de hacer una parada en Starbucks, andamos 30 minutos hasta el templo y su famoso Daibutsu o Gran Buda de Kamakura. Es la gran atracción de esta localidad y la verdad es que impresiona mucho. Es el buda sentado al aire libre más grande de Japón (solo le supera el buda de Nara). Mide más de 13 metros de alto y pesa unas 90 toneladas.

Además, por dentro el buda está hueco y por una donación de 20 yenes se puede entrar. Nosotros entramos y os podemos decir que, aunque no hay mucho, es curioso poderlo ver por dentro. Además, 20 yenes es nada de nada. El templo abre muy temprano cada día, a las 6 de la mañana, y la entrada tiene un precio de 300 yenes.

A unos 15 minutos andando del Gran Buda nos encontramos el templo Hase-dera. A nosotros nos encantó, lo recomendamos mucho. Los jardines son espectaculares, llenos de vegetación y agua. Además, hay unas vistas preciosas de Kamakura y su playa. En este templo os encontraréis centenares de estatuas Jizo colocadas por padres y madres para llorar la muerte de sus hijos recién nacidos o nonatos. Es muy emotivo.

Después de visitar este templo bajamos hasta la playa. Es curioso ver a los japoneses en la playa, bañándose. No es la playa más bonita del mundo pero es un lugar muy turístico para los japoneses. Ya se estaba haciendo tarde, por lo que volvimos al centro del pueblo, compramos algo para comer en el tren y nos fuimos hacia Tokyo.

Shinjuku

Nuestro hotel estaba en Shinjuku, por lo que cada día andábamos por allí. Pero la tarde del día 11 la dedicamos íntegra a este barrio. Os queremos contar cuatro cosillas de Shinjuku que no os podéis perder. 

Para nosotros un imprescindible cada vez que viajamos a alguna ciudad es subirnos a algún edificio o lugar para ver la ciudad a vista de pájaro. En Tokyo tenéis muchas opciones pero una de las más top son las torres del Gobierno Metropolitano de Tokyo, ya que es gratis subir y disfrutar de las vistas! Lo único que debéis hacer es ir allí, hacer una corta cola (nosotros no estuvimos esperando más de 15 minutos) y disfrutar de las vistas. Es increíble.

Muy cerca de allí podemos encontrar la escultura de LOVE. La verdad es que no tiene nada, pero así somos los humanos, que le hacemos foto a todo. Y esta no podía faltar.

Muy cerca de la estación de tren nos encontramos un callejón super estrecho llamado  Omoide Yokocho. Es super curioso y esta llenos de minúsculos locales para comer brochetas de carne pero ojito, nosotros entramos en uno y nos sentimos estafados, ya que a la hora de pagar, además de obligarnos a tomar dos bebidas, nos cobraron impuestos aparte y además un extra por sentarnos. Así que lo que parece barato se acaba convirtiendo bastante en un timo. Ahora bien, la calle vale mucho la pena. Es increíble ver como al lado de tantos rascacielos y modernidad aún hay callejones minúsculos como Omoide Yokocho. 

Otro lugar de Shinjuku digno de ver son los callejones del Golden Gai, un laberinto de callejones estrechos y pequeños repletos de locales minúsculos, unos 200, para tomar algo. En general son bares cutres, pequeños, regentados por artistas. En principio eran bares que no aceptaban turistas, pero cada vez hay más locales con carteles indicando que sí que los aceptan. Nosotros no entramos a ninguno. Los precios son bastante altos y hay locales que cobran entrada.

Y finalmente, Kabukicho, la zona donde teníamos el hotel. Es el barrio rojo por excelencia de todo Japón, pero no os asustéis, está lleno de restaurantes, turistas, salas recreativas… Os recomendamos pasear de noche Kabukicho Ichibangai y acercarse a ver la cabeza enorme de Godzilla que asoma por encima del hotel Gramercy. Seguro que también pasáis por al lado del Robot Restaurant, famoso por sus espectáculos. Nosotros no fuimos porque el precio era altísimo y vimos videos en Youtube de sus espectáculos y nos parecieron lamentables. Pero vaya, para gustos colores.

El día siguiente teníamos planeado ir a Nikko, otra excursión imprescindible si se está en Tokyo varios días. ¿Queréis saber qué tal?

Día 12: Nikko y Tokyo - Shibuya

El día 12 lo dedicamos también a hacer otra excursión imprescindible si se viaja a Tokyo. Si para Kamakura recomendábamos un día entero pero os decíamos que con medio día se podía ver bien, para Nikko os recomendamos sí o sí un día entero. Os decimos esto porque nosotros le dedicamos también medio día y nos hubiéramos quedado unas horas más. Pero queríamos comer gyozas en Utsunomiya y queríamos aprovechar la tarde noche para pasear por Shibuya. Así que ¡os contamos!

Nikko

A poco más de dos horas de Tokyo nos encontramos con Nikko, una aldea montañosa repleta de santuarios, templos, vegetación, cascadas… Como os comentábamos, Nikko es una zona para quedarse varios días si tenéis mucho tiempo, pero nosotros, como la mayoría de los que iréis, no teníamos mucho tiempo, por lo que llegamos a Nikko hacia las 9 de la mañana y nos fuimos hacia las 2 del mediodía. Con esas horas pudimos visitar los templos principales y pudimos incluso hacer una pequeña ruta de senderismo. Era un día lluvioso, lo que creo una atmósfera con una mística increíble.

Se puede llegar a Nikko de diversas maneras, nosotros fuimos en Shinkansen hasta Utsunomiya y desde allí hasta Nikko cogimos un tren que tardo unos 45 minutos en hacer el recorrido. Los dos trenes entraban en el JR Pass, por lo que no tuvimos que pagar nada. Una vez en Nikko, se puede coger un bus hasta la zona de los templos, pero nosotros lo hicimos andando. No son más de 20 minutos de un agradable paseo. Y lo primero que nos encontramos fue lo más famoso de Nikko: el puente Shinkayo. Dicen que es uno de los puentes más bonitos de Japón. ¿Es bonito? Sí. Pero ya, cuatro fotos y a seguir.

Justo al lado del puente, cruzando la calle, veréis unas escaleras que entran hacia el bosque. Después de 10 minutos andando, llegamos al santuario Töshögü, cuyo colorido de sus decoraciones con imágenes sintoístas y budistas hacen de este santuario la atracción más impresionante de Nikko. El precio de la entrada son 1300 yenes pero vale mucho la pena. Cada 50 metros te encontrarás algo de lo que maravillarte.

Solo llegar ya nos encontramos un torii enorme de piedra y al cruzarlo vemos una gran pagoda de cinco pisos. Es una carta de presentación excelente que nos da una idea de lo que nos encontraremos dentro. Justo al entrar veréis algo que os sonará mucho: una talla de madera de tres macacos: uno se tapa los ojos, otro se tapa los oídos y el otro se tapa la boca. ¿Os suena? ¿Iconos de Whatsapp?

Si seguimos, nos encontraremos entre muchas otras cosas, la puerta Yomeimon y la puerta Karamon. Al pasarlas, llegaremos al salón de pregarias Haiden y al salón principal Honden, donde nos deberemos descalzar si queremos entrar. A la derecha del salón nos encontramos con la puerta Sakashitamon, con una talla de madera de un gatito encima que debemos mirar al pasar, y unas escaleras con densa vegetación. Nosotros no las subimos hasta arriba del todo ya que no teníamos mucho tiempo.

Al salir del santuario Töshögü queríamos pasarnos por el santuario Futarasan pero decidimos priorizar nuestra pequeña ruta de senderismo para ver el Abismo de Kanmangafuchi. Y no nos arrepentimos. A 15 minutos andando desde el santuario nos encontramos esta corta ruta que nos lleva hacia el abismo. Allí nos encontramos con las decenas de estatuas de piedra de Jizo y unas vistas del río impresionantes. Es un paseo muy agradable y con muy poco turismo.

Esto fue lo último que vimos de Nikko ya que nuestro tren salía a las 2.30 del mediodía. Volvimos hasta la estación en bus. El tren nos dejó en Utsunomiya pero antes de coger el Shinkansen que nos llevaría de vuelta a Tokyo hicimos una parada en un restaurante de gyozas cercano a la estación (hay muchos). Al principio del post os decíamos que Hamamatsu era una de las dos ciudades famosas por sus gyozas. Pues bien, Utsunomiya es la otra. Y no lo pudimos evitar. Por cierto, ¡espectaculares!

Shibuya

Al volver de Nikko nos fuimos a Shibuya. Tenemos que confesar que se nos hizo tarde y de noche, por lo que decidimos volver a Shibuya otro día. De todos modos, todo lo que vimos de Shibuya lo añadiremos aquí, para hacerlo todo más ordenadito.

Cuando pensamos en Shibuya se nos viene a la cabeza una cosa. ¿Lo tenemos claro no? Sí, el famoso paso de peatones. Pues bien, decepciona. Sí, es grande. Sí, pasa mucha gente. Pero en las fotos parece más grande y más espectacular. De todos modos, y a pesar de que hay varios sitios desde donde verlo bien, nosotros lo observamos desde el Starbucks que hay justo enfrente. Lo veréis, no tiene pérdida. Además, puedes subir sin consumir (aunque es muy complicado entrar en un Starbucks y no tomarse nada).

Muy cerquita del paso de peatones, podréis decirle hola a la estatua de Hachiko, ese perro que esperó a su amo fallecido en la estación de tren de Shibuya durante años. Fue un perro tan fiel que le hicieron una estatua e incluso le dedicaron una película. A nosotros no nos emocionó la estatua, pero estaba llena de turistas, así que it’s up to you. 

Shibuya es el centro de moda japonesa por lo que encontraréis muchísimas tienda de ropa. Para aquellos y aquellas que os guste ir de compras, este es vuestro barrio. Os recomendamos que entréis al Shibuya 109, el centro comercial donde van todos los jóvenes y donde podréis descubrir las tendencias del momento.

También es curioso pasear por la colina de los love hotels de Shibuya, cuatro calles repletas de hoteles que se alquilan por horas para que los japoneses se den amor mutuamente. Japoneses y no japoneses, claro. Además, está lleno de sex shops. Es una experiencia bastante curiosa entrar en un sex shop japonés, por cierto.

Por último, una recomendación para comer sushi. Seguramente no sea el mejor sushi de Tokyo pero no por ello quiere decir que no esté bueno. De hecho, estaba buenísimo, pero lo más curioso del restaurante es la manera de pedir y recibir el sushi: mediante una tablet. La idea es fácil: cada comensal pide lo que quiere mediante la table y le lega la comida en una cinta transportadora. Se paga al final y todos contentos. ¡Muy recomendable! Ah, el nombre del restaurante es Uobei.

Y hasta aquí Shibuya. Hay muchas más cosas pero estas son las principales. Es otra de las zonas de Tokyo que se debe ver sí o sí. Y si habéis llegado hasta aquí, no os podéis perder nuestro día número 13, porque fuimos a uno de los museos / sala de exposiciones más espectaculares que hemos visto en la vida. ¿Sabes cuál es?

Día 13: Tokyo: Odaiba y Harajuku

Odaiba

Odaiba es una isla artificial situada en la bahía de Tokyo llena de atracciones turísticas y cosas que hacer. Es un plan perfecto para ir a pasar un día entero, pero si vais con los días justos, como nosotros, será mejor que le dediquéis medio día. A la pregunta si vale la pena ir o no, la respuesta es clara: sí. Y sobretodo porque es en Odaiba donde encontraréis el Teamlab Borderless, un museo espectacular de arte digital con exposiciones de luz en el que estamos seguros que fliparéis.

Podéis llegar a Odaiba de diferentes formas, pero la más chula es con la línea Yurikamone, ya que cruzaréis el Rainbow Bridge con un tren automatizado, sin conductor. Si podéis, sentaros en el primer o en el último vagón. ¡Las vistas son una pasada! Eso sí, esta línea no es de JR, por lo que no os entrará en el JapanRail Pass. Para coger este tren debéis bajaros en la parada Shimbashi y allí hacer transbordo. 

Al llegar a Odaiba nos fuimos directos al Teamlab Borderless. El museo abre a las 10 de la mañana pero recomendamos muchísimo llegar media hora antes de la hora de apertura, ya que a veces abren antes y os evitaréis la cola y podréis estar en el museo con poca gente, cosa que se agradece. Nosotros llegamos 20 minutos antes de las 10 y no hicimos nada de cola. Dejamos nuestras cosas en las taquillas y entramos al museo.

El museo es espectacular. Hay varias zonas por las que os podréis mover libremente las veces que queráis. Está lleno de diferentes exposiciones relacionadas con la luz que estamos seguros que no os dejarán indiferentes. Para que la visita al museo sea perfecta os recomendamos una serie de cosas:

  1. Compra las entradas con antelación. De este modo te evitarás colas e incluso que haya SoldOut.
  2. Llega 20 minutos antes de la hora de apertura.
  3. Lleva ropa y calzado cómodo.
  4. Saca el explorador que llevas dentro: tócalo todo, busca, juega.
  5. Ten paciencia: seguramente encuentres mucha gente, pero el museo es enorme, por lo que encontrarás rincones donde estarás solo.
  6. Ojito con las faldas: hay zonas con espejos en el suelo. Ya os podéis imaginar el motivo del consejo. ¡Ponte ropa interior!
Nosotros estuvimos un par de horas largas. Nos podíamos haber quedado más tiempo pero queríamos dar un paseo por la isla antes de irnos a otra zona de Tokyo. 

Y es que Odaiba tiene muchísimas cosas. Solamente al salir del Teamlab Borderless, os encontraréis con el Toyota Megaweb, un espacio gratuito de Toyota donde podréis probar varios simuladores, descubrir nuevos prototipos, usar la realidad virtual para concienciarnos de lo importante que es la seguridad vial, etc. 

Al salir del Toyota Megaweb os encontraréis también con la noria Daikanransha, de 115 metros, y si seguís paseando podréis flipar con el Gundam a tamaño real situado en el centro comercial DiverCity.

Esto es lo que vimos nosotros, pero que sepáis que hay muchísimas cosas más, como la sede de la FujiTV, el Museo del Futuro, el Museo de la Ciencia Marítima o la Playa de Odaiba entre muchos otros. 

Una última recomendación: si os gustan las hamburguesas, id a Kua’ Aina, una hamburguesería hawaiana con vistas a la Estatua de la Libertad que hace unas hamburguesas absolutamente deliciosas. ¡No os arrepentiréis!

Harajuku

Y ya con el estómago lleno, cogimos de nuevo el tren para cruzar el Rainbow Bridge y medio Tokyo para llegar a otro barrio alucinante: Harajuku. La línea Yamanote (que entra en el JR Pass) tiene una parada que os deja justo en la entrada de la calle Takeshita, la calle más conocida del barrio de Harajuku.

Nuestra tarde consistió en bajar toda la calle Takeshita, entrando en casi todas las tiendas, y subirla de nuevo. No os vais a aburrir. Os vais a encontrar todo tipo de tiendas, de todo a 100, de merchandising de idols japoneses y coreanos, cafeterías… de todo.  

A parte del ambiente colorido de la calle nos llamó mucho la atención dos tipos de locales. Para empezar alucinamos mucho con lo entregados que son los japoneses a sus ídolos. Hay tiendas (normalmente pequeñas, con escaleras que bajan al sótano) que lo que venden son posters y fotografías de cantantes hechas por paparazzis. Y los fans se vuelven locos, se emocionan y las compran. Es como si en España hubiera idol shops que vendieran fotos de Bisbal o Ainhoa. Para eso ya tenemos la Cuore o el Lecturas, ¿no? Bastante curioso.

Otros locales que nos llamaron mucho la atención fueron los de purikura. ¿Y esto que es chicos? Pues son fotomatones japoneses, es decir, que te hacen la foto y puedes agrandarte los ojos, pintarte atrocidades en la cara y hacer modificaciones dantescas a las fotos. Evidentemente, lo hicimos. Aquí la prueba.

En fin, que el barrio de Harajuku y en especial la calle Takeshita es un buen plan para pasar una tarde. Ah, y ahora, con esto de Instagram, se ha puesto de moda una foto en unas escaleras mecánicas rodeadas de espejos. Lo encontraréis en el Tokyo Plaza Omotesando Harajuku, a 10 minutos de la calle Takeshita. Curioso es, pero sin más.

Y de Harajuku al hotel a descansar, que el día siguiente tocaba madrugar mucho mucho. Queríamos ver el Senso-Ji sin gente, y esto nos obligaba a estar allí antes de las 8 de la mañana. ¿Nos seguís?

Día 14: Tokyo: Senso Ji y Yoyogi Park

Senso-Ji

Empezamos muy temprano nuestro último día completo en Tokyo antes de irnos a las Islas Yaeyama. Y lo hicimos a lo grande: visitando el Senso-Ji. Y teníamos muy claro que lo queríamos ver sin gente. Siempre habíamos visto fotos del templo lleno llenísimo de gente y sabíamos que tendríamos que ir muy temprano. Ahora temprano ya no son las 9 de la mañana. Ahora temprano son las 7.30-8. Así que a esa hora ya estábamos allí, cuando todas las tiendas aún estaban cerradas.

Y lo primero que nos encontramos fue la archiconocida Puerta Kaminarimon, la entrada más conocida al templo. Generalmente está llenísima de gente haciéndose fotos pero voilá, yendo temprano y con un poco de paciencia (muy poca) pudimos conseguir varias fotos solos. 

Al pasar la puerta nos encontramos con la calle Nakamise, una calle comercial llena de tiendas que nos lleva a la segunda puerta del templo, la puerta Hanzomon. Es una calle muy chula pero como fuimos tan temprano todas las tiendas estaban cerradas, así que la visita a las tiendas la dejamos para dos horas más tarde, cuando la vida empezaría a aflorar.

Al llegar al final de la calle y al pasar por la puerta Hanzomon, entramos de lleno al templo. Lo que hicimos nosotros fue pasear por la zona, sin entrar en ninguno de los edificios. Simplemente observarlos por fuera es ya una pasada. Por ejemplo, a la izquierda de la esplanada principal podréis ver una pagoda de cinco pisos preciosa. En la misma esplanada hay un montón de pequeñas tiendas que venden barritas de incienso para seguir la tradición japonesa: quemarlas y llevarse el humo a esas zonas del cuerpo que nos duelan. También encontraréis puestos de papelitos de la fortuna, donde por 100 yenes podréis agitar una cajita y obtener un palito con un número, número que coincidirá con el cajón que deberás abrir para conocer la suerte que te depara el futuro. Es entre divertido e inquietante.

Después de pasear un par de horas por el templo y sus jardines nos volvimos a la calle de las tiendas, ahora ya repleta de turistas. Pero de verdad, es fascinante ver que cuando los turistas llegan tú ya lo has visto todo. Así que con calma, y después de entrar a alguna tienda, cogimos el metro de nuevo y nos fuimos a Shibuya, a ver algunas cosas que se nos habían quedado hacía unos días. Lo que vimos en Shibuya seguramente ya lo hayas leído unos párrafos arriba, así que pasamos directamente al Yoyogi Park.

Yoyogi Park

Vale, aquí es muy importante hacer un apunte. El parque del Oso Yogui está en Yellowstone, Estados Unidos. El parque que visitamos fue el Yoyogi Park, en Tokyo, nada que ver con el famoso oso. Dicho esto, deciros que este enorme parque está tocando Harajuku, por lo que un buen plan, dependiendo de vuestro tiempo, es visitar el parque el mismo día que Harajuku y su calle Takeshita.

Pero no fue nuestro caso. Nosotros, después de dar una vuelta por Shibuya, fuimos hasta el Parque Yoyogi, unos 30 minutos largos andando. Y es que este parque es uno de los más grandes de Tokyo. Podríamos decir que es semejante al Central Park de Nueva York, al Hyde Park de Londres o al Parque de la Ciutadella de Barcelona… vale no, me he venido arriba. 

Aquí lo que es recomendamos es que os perdáis por el parque. Si además vais en domingo os encontraréis con un montón de bandas y músicos callejeros. Es increíble pasear por este parque pensando que está en el centro de la ciudad más grande del mundo.

Además, en el parque os encontraréis el santuario de Meji, uno de los santuarios sintoístas más conocidos de todo Japón. Abre cuando sale el sol, y cierra cuando se pone. Si decidís visitar el parque no os podéis perder el santuario.

Y con esto y un bizcocho… esta fue nuestra última visita de Tokyo antes de cambiar totalmente de paisaje. Así que si queréis saber cosillas de una de las zonas menos visitadas de Japón os recomendamos que aún no cerréis. Encaramos el último tramo del post: las Islas Yaeyama. ¡Vamos!

Día 15: Traslado Tokyo - Ishigaki

Podríamos decir que hasta aquí sería la ruta convencional para un viajero primerizo a Japón pero nosotros quisimos ir un poquito allá: queríamos islas, playa, mar. Y después de mirar varias opciones, como Naha, en Okinawa, nos decidimos por las Islas Yaeyama, un archipiélago de pequeñas islas mucho más cerca de Taiwan que de la isla principal de Japón. Nos convenció el hecho de que fueran islas muy poco turísticas (los pocos turistas que había eran en gran mayoría japoneses) y que fueran pequeñas, de este modo era más fácil recorrerlas e ir de isla a isla.

Nuestro campo base en las islas Yaeyama fue su isla principal, Ishigaki. Llegamos en avión después de unas dos horas y pico de vuelo, desde el aeropuerto de Haneda, Tokyo. Como curiosidad, nos tocó el avión de StarWars. Al entrar podías acariciar un peluche del Yoda, todo estaba decorado de StarWars y al despegar sonaba su banda sonora. Muy freak todo pero bastante divertido.

Desde el aeropuerto hasta la ciudad principal de la isla, Ishigaki, hay unos 45 minutos en bus. Y desde la parada de buses, tocando el puerto, tardamos unos 15 minutos andando hasta nuestro hotel: Hotel Rasso Abiyanpana Ishigakijima. El hotel no está mal, la habitación es correcta, bastante grande. La zona común deja bastante que desear. La atención de las chicas de recepción, excelente. El problema del hotel es el precio, entendemos que es por la poca oferta que hay. Nos costó unos 105 euros por noche y realmente no lo vale. Eso si, la situación del hotel es buena. Si podéis buscar otro hotel, mejor, pero si no encontráis nada más, este es una buena opción.

Este día ya no hicimos mucho más: explorar un poquito la ciudad, que por cierto es bastante fea, y descansar. El día siguiente la intención era alquilar unas motos y recorrer la isla. ¿Queréis ver qué tal?

Día 16 y 17: Ishigaki

Segundo tifón del viaje, ahora en las islas. Nos levantamos y no hacía muy buen día pero no teníamos tiempo que perder, así que nuestra intención era seguir nuestro plan: visitar Ishigaki. En vez de unas motos, alquilamos un coche, por lo que pudiera pasar. Había previsión de tifón, así que si se nos ponía a llover era mejor ir en coche que en moto. Pues eso, el tifón nos dio de tregua la mañana, por lo que pudimos visitar una parte de la isla. La otra la dejamos para el día siguiente, así que aquí os vamos a explicar lo que vimos de Ishigaki en los dos días.

La isla de Ishigaki no es muy grande, por lo que un plan perfecto es alquilar unas motos o un coche y rodearla. Hay bastantes playas, por lo que podréis ir haciendo paradas para bañaros. Eso sí, dependerá mucho de si la marea está alta o baja; si está baja será complicado poderse bañar. Como os decíamos, hay poquito turismo, y el que hay es de japoneses, es decir, amabilidad, tranquilidad, silencio. A diferencia de la mayoría de las playas asiáticas, las playas de estas islas están super limpias. Son islas paradisíacas, sí, pero no os olvidéis, seguís en Japón. Dicho esto, y sin más rodeos, os contamos cuatro cosas de la isla.

La mañana del día 16 pudimos visitar la Bahia de Kabira, uno de los lugares más conocidos de la isla. Aunque apetece mucho, el baño está prohibido. Hay unos barcos con el fondo transparente para ver el fondo marino. Nosotros no nos montamos en ninguno. La bahía es preciosa, muy fotogénica, pero el hecho de no poderse bañar, le resta encanto.

A pocos minutos en coche de la bahía, nos encontramos con la playa Sukuji. Esta si que es apta para el baño. De hecho hay incluso una especie de redes que delimitan la zona segura de baño, ya que fuera de esta zona te arriesgas a que te pique alguna medusa. Nosotros no vimos ninguna pero por si acaso no salimos de esa zona. Es una playa agradable, de fácil acceso.

El tifón ya no nos permitió mucho más, por lo que pasamos al día 17. Amaneció super despejado pero no quedaban motos disponibles, por lo que alquilamos otro coche. Nuestra idea, ahora sí, era rodear la isla, llegar hasta la punta norte. Os contamos.

Nuestra primera parada fue el Tamatorizaki Observation Platform. Desde allí se tienen unas vistas alucinantes de la isla. Está tocando la carretera por lo que no os tendréis que desviar nada.

Al cabo de unos 20 minutos más en coche llegamos al Faro de Hirakubozaki, la punta norte de la isla, con unas vistas preciosas. Os podemos decir que es una auténtica pasada conducir por esta isla. Poquitos coches, paisajes preciosos, mucha tranquilidad… muy recomendable. Después del faro era momento para ir a la playa, por lo que fuimos a Sunset Beach. En esta playa también hay una zona de baño seguro, pero nosotros aparcamos el coche más allá y nos quedamos en una zona donde no había nadie; la playa era solamente para nosotros. 

Después de comer algo, acabamos nuestra ruta en otra playa: Yonehara Beach. En esta playa pudimos hacer algo de snorkel y ver bastante peces. No era el fondo marino de Tailandia pero no estaba nada mal.

Después de esta playa ya devolvimos el coche y nos fuimos a descansar al hotel para prepararnos para el día siguiente: Taketomi.

Día 18: Taketomi

Taketomi es una pequeña isla que se encuentra a 15 minutos en barco desde el puerto de Ishigaki. El precio del ferry es de 1500 yenes ida y vuelta, por lo que no es excesivamente caro. Aunque hay algún que otro alojamiento para hacer noche, Taketomi es una isla perfecta para hacer una excursión de un día desde la isla principal de las Islas Yaeyama. Su pequeña dimension hace que se pueda recorrer a pie, pero la forma más divertida y más aconsejable es en bicicleta. Hay diversos puestos para alquilarlas, por lo que no os será difícil. El precio puede variar pero generalmente son unos 300 yenes la primera hora y luego unos 150 por hora. Nosotros la alquilamos unas 4 horas y pagamos unos 800 yenes, unos 7 euros.

Una de las cosas que nos gustó más de Taketomi fue perdernos con la bicicleta por el centro histórico. No os penséis que hay algún pueblo grande, para nada. Os encontraréis con calles de arena, sin asfaltar, y casas con muros de piedras muy característicos. Es muy diferente al resto de las islas.

Habíamos leído que una de las actividades típicas en Taketomi era tomar uno de los carros tirados por búfalos de agua que hay por el centro de Taketomi. Tenemos que decir que no vimos ninguno, pero que tampoco teníamos intención de montarnos en ninguno de ellos. Por mucho que sea una tradición, todo lo que sea montar en animales nos parece un abuso y no queremos participar. Lo respetamos pero no lo compartimos.

Después de pedalear un rato llegamos a la playa Kondoi, la más conocida de la isla. Con arena blanca y agua turquesa se parece más a una playa de Tailandia que de Japón. Allí nos pasamos un par de horas y nos podríamos haber quedado dos más.

Otra playa digna de ver es la playa Kaiji. La arena está llena de pequeñas estrellas, que son los esqueletos de pequeños organismos que viven en el fondo del mar. Además, es una playa muy bonita. ¿La única pega? El baño está prohibido.

Nuestra última parada antes de volver a coger el ferry fue la playa Aiyaru. Para llegar tuvimos que cruzar toda la isla, ya que se encuentra en la otra costa. Pero vaya, no más de 20 minutos en bici. Es otra bonita playa donde seguramente no os vais a encontrar ni al tato. No nos bañamos porque hacía viento.

El resto del día ya os lo podéis imaginar: vuelta al hotel, ducha, cena y dormir. Y ojito al día siguiente porque nos íbamos a una isla un poquito más lejos: Iriomote.

Día 19: Iriomote

Una cosa teníamos clara de nuestra visita a las Islas Yaeyama: queríamos ir a Iriomote. Y es que esta isla es la zona japonesa habitada que está más al oeste, y se encuentra relativamente cerca de Taiwan. Es una isla totalmente salvaje, el 90% de Iriomote está cubierto de manglares y jungla. Hay pocos alojamientos por lo que os encontraréis muy pocos turistas. ¿El problema? El precio.

Nosotros contratamos una excursión desde el hotel, en Ishigaki. Desde allí se pusieron en contacto con la agencia de Iriomote para decirles nuestros nombres y lo que queríamos hacer. El plan era hacer un trekking por la jungla y hacer kayaking por los manglares. El precio, unos 70 euros la actividad más unos 30 euros del barco de ida y vuelta. En total, unos 100 euros para una actividad que duraba no más de 3 horas. O sea, caro caro. Pero si se va hasta las islas Yaeyama, ¿nos perderemos Iriomote? Pues no.

Realmente la actividad es muy chula. El guía que nos tocó era muy majo y tanto el kayaking como el trekking son muy interesantes. Pero insistimos en que el problema es el precio. Pagar 70 euros (más los 30 del barco) nos pareció excesivo, aunque debemos decir que lo disfrutamos mucho.

Después del kayaking y del trekking llegamos al final de la caminata, una bonita cascada. La mayoría de los turistas de nuestro grupo eran japoneses. Insistimos, son gente muy curiosa. Por llamarlo de alguna manera. Ninguno de ellos se bañó, solamente un niño de unos 5-6 años, que se bañó con nosotros.

Después de comer en un pequeño local delante del puerto (por cierto, unos fideos muy muy buenos), cogimos el ferry de vuelta. Por la tarde aún nos dio tiempo a ir al karaoke y todo.

Como conclusión de Iriomote: si hacéis el esfuerzo de ir, intentad pasar 2 o 3 días para aprovechar más y no tener que quedaros con los superficial de la isla, es decir, las excursiones preparadas para los turistas que vienen un día desde Ishigaki. Aunque podemos decir que nos gustó más y que no nos arrepentimos para nada de nuestra visita a Iriomote, si fuéramos otra vez intentaríamos dormir allí para hacer más actividades y adentrarnos más en la jungla isleña.

Ahora sí, ya queda bien poco de la ruta. Pero para los amantes de los parques temáticos, como nosotros, creemos que os interesará seguir leyendo un poco más.

Día 20: Traslado Ishigaki - Tokyo

Y llegó el momento de abandonar las islas. Después de unos días totalmente diferentes a los anteriores, tocaba despedirse de las playas, de las selvas y de la tranquilidad para volver a la gran urbe. Mochilas hechas, check out hecho, paseito por el centro de la ciudad, poco que ver, y comer. Y aquí nos paramos para aconsejaros un sitio espectacular de hamburguesas, pero que abre cuando les da la gana, literalmente: Vanilla Deli. Nos comimos una hamburguesa para hacerle un homenaje. Excelente.

Con el estómago lleno, bus, aeropuerto, de nuevo el avión de StarWars y sin nada destacable llegamos a Tokyo. Pero esta vez cambiábamos de hotel. También en Shinjuku pero en una zona mucho más tranquila, nos alojamos en The Knot Tokyo. A nosotros nos pareció un hotelazo, dentro de los hoteles asequibles. Zonas comunes muy chulas, modernas, cools, y habitación amplia, moderna y nuevísimas. Además, a unos 10 minutos andando de la estación de tren de Shinjuku. Así que muy recomendable. ¿El precio? Unos 94 euros la noche, así que ni tan mal.

¿Queréis saber un plan muy muy pero que muy chulo para hacer en Tokyo? Va, un último esfuerzo, que ya llegamos al final.

Día 21: Tokyo: Disney Sea

Si no os gustan los parques temáticos, os podéis saltar el día 21. Pero, pero, PERO: si os gustan, Disney Sea es un must como un piano de grande. Os contamos.

No teníamos planeado ir a ningún parque de atracciones durante el viaje a Japón. El día que nos quedaba suelto después de volver de las islas y hasta coger el vuelo de vuelta de Barcelona lo pensábamos aprovechar haciendo compras o visitando algún lugar de Tokyo que no hubiéramos tenido tiempo durante nuestra anterior visita. Pero pensamos: «esto lo tenemos que acabar a lo grande». Y así fue.

A las afueras de Tokyo, a unos 45 minutos en tren, nos encontramos el Tokyo Disney Resort. En él se encuentra Tokyo Disneyland, una réplica casi exacta de Disneyland Paris, y Tokyo Disney Sea, un parque mucho más nuevo que abrió en 2001 y que es, sencillamente, una pasada. Os podemos decir que es el mejor parque temático que hemos ido nunca. Un diseño espectacular, atracciones muy chulas (muchas de ellas para público adulto) y una organización alucinante. El precio de la entrada, 7400 yenes, unos 63 euros. Teniendo en cuenta que el Universal Studios de Los Ángeles vale entre 100 y 130 dólares, podríamos decir que este parque es barato.

No vamos a explicar aquí todas las atracciones, simplemente diremos que todas están muy muy bien conseguidas. Cada atracción tiene una historia detrás y no son simplemente una montaña rusa, o una noria, por ejemplo. Como atracciones destacadas, disfrutamos de Toy Story Mania! donde nos adentramos en el mundo ToyStory y con una arma virtual competimos entre nosotros disparando a diferentes objetivos. También Tower of Terror, la típica caída libre pero con una historia detrás y en forma de ascensor. Varias montañas rusas como Indiana Jones (donde vas montado en un 4×4) o el Viaje al Centro de la Tierra. Hay muchas atracciones y la mayoría son espectaculares.

Y una cosa muy interesante y especial que no habíamos visto nunca: el tema del Fast Pass. Nosotros estamos acostumbrados al típico Fast Pass, que pagas más y así te saltas la cola. Pues bien, aquí es totalmente diferente y creemos que es el futuro de los parques. Y queremos explicarlo.

El Fast Pass es gratis. Todos los visitantes tiene acceso a él. ¿Y cómo funciona? Muchas de las atracciones tienen disponible Fast Pass. En la entrada de la atracción hay unas máquinas, donde al introducir tu entrada, te devuelve un papel donde te indica el intervalo de hora que puedes acceder a esa atracción por la cola rápida. En el mismo papel se indica a partir de qué hora puedes solicitar otro Fast Pass, es decir, lo que no se puede hacer es solicitar hora para 5 atracciones a la vez.

Cada atracción tiene un marcador donde se indica la hora por la que va el Fast Pass. Es decir, si ese indicador dice «17.00 a 18.00» quiere decir que si coges el FastPass en ese momento, tendrás hora de 17 a 18 horas. Y así hasta que llega hasta la hora de cierre. Para las atracciones más conocidas, es posible que a las 11 de la mañana ya estén agotados todos los Fast Pass. Pero gracias a esto nos pudimos montar en casi todas las atracciones y solamente hicimos cola en un par. Puede parecer lioso pero es muy sencillo y funciona muy bien.

Acabamos el día agotados, viendo el espectáculo de fuegos artificiales. De verdad, es una maravilla de parque. Si podéis y os gustan estos tipos de parque, no os lo podéis perder.

Y hasta aquí nuestro último día entero en Japón. Esto se acaba.

Día 22: Vuelta a Barcelona

Viajeros, viajeras, amigos, amigas, aquí termina nuestro viaje de Japón. Sobre el día 22 no hay mucho que comentar, solamente que nuestro avión salió con varias horas de retraso pero que como mínimo el avión era mucho más moderno que el de ida. Ah, y que nos compramos este pin tan chulo que podéis ver en la foto.

Deciros que si habéis llegado hasta aquí es que realmente os interesa mucho ir a Japón o, si no es el caso, os gusta mucho como escribimos. Ojalá sea una mezcla de los dos.

Esperamos de todo corazón que este largo post os despierte las ganas de viajar a uno de los países más espectaculares del mundo, que os haya ayudado ni que sea un poco a planear vuestro viaje o que, como mínimo, os haya hecho pasar un ratito agradable leyendo cosas sobre el país del sol naciente. Nosotros os decimos, de todo corazón, «Sayonara, Baby«.

Deciros que si habéis llegado hasta aquí es que realmente os interesa mucho ir a Japón o, si no es el caso, os gusta mucho como escribimos. Ojalá sea una mezcla de los dos.

Esperamos de todo corazón que este largo post os despierte las ganas de viajar a uno de los países más espectaculares del mundo, que os haya ayudado ni que sea un poco o que, como mínimo, os haya hecho pasar un ratito agradable leyendo cosas sobre el país del sol naciente. Nosotros os decimos, de todo corazón, «Sayonara, Baby».

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